Leyendo «Los renglones de Dios» me he acordado de la primera vez que estuve en un sanatorio para enfermos mentales.

MafaldA
Recuerdo el primer día que entré (a trabajar) en un sanatorio mental, lo primero que me sorprendió y me asustó fue trabajar con los “locos” por al lado mío, lo segundo es que, todos tenemos un amigo un poco raro o que decimos o pensamos que esta loco, en ese momento te das cuenta de la diferencia.

Cuando llegó la hora del almuerzo me acerqué a preguntarle a un compañero.

—¿Donde se puede ir a tomar café?

—A la cafeteria, esta aquí al lado, en el edificio de al lado

—Pero ¿como es la cafeteria?

—No pasa nada, entras, pides el café y te lo tomas

Entré en la cafeteria y me pareció entrar en una pelicula, buscaba con la mirada un celador, un enfermero, no sé, alguién cuerdo,pero no encontré a nadie.

Me dirigí a la barra y examiné los camareros, uno tenía la cara deformada, perdón la cara no, el gesto, como si aguien se la estirara por el otro lado, con un ojo casi cerrado ,el otro tenia la mirada de buho, examiné el tercero y me pareció el más cuerdo de los tres así que pensé:

“Ese es el más sano de los tres, debe ser por eso que lleva la estrella de sheriff”

Mientras le pedía el cortado me daba cuenta que eso, no tenía ninguna lógica, después mientras me lo servía observé la estrella, era muy grande y metálica, además tenia más de diez puntas,nada que con las estrellas que te venían en los juguetes de vaqueros, me pregunto donde la habrá conseguido.

Al lado mío, una chica morena con un corte de pelo “de orinal” que decíamos entonces y un camisón blanco le pedía un carajillo de María.

—Por supuesto, como no voy a tener un carajillo se María para mi amiga X

—Gracias, es que no hay nada como un carajillo de María

Ellos seguían alabando los carajillos de María y yo revisé con la mirada hasta el último rincón de la barra buscando inutilmente la botella de Maria Bizard con la que hacer el tan apreciado carajillo.

Una vez el camarero de la estrella se fue a atender otros clientes, la chica se fijó en mi que estaba a su lado más cortado que mi café y me preguntó:

—¿Tú no eres hermano de Míguel?

—No, no tengo ningún hermano que se llame Míguel

Yo pensé: “Menos mal, que no ha dicho el nombre de ninguno de mis hermanos, que tengo bastantes y con nombres muy comunes”

Bueno pasada la sorpresa inicial del primer día, me encantó trabajar allí, es cierto que la lógica y la razón tienen la entrada prohibida pero también todos los complejos y toda la represión que arrastramos debido a nuestra educación moral cristiana.

Quizás es donde la gente no tiene miedo de hacer o decir lo que le apetece, quizás es el único sitio donde la gente no tiene miedo que los tomen por locos.

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