Nací en Tarragona cuando el caudillo apenas había muerto. Siempre digo que soy de barrio aunque no es del todo cierto. Me crié en las afueras, en una casa de campo correteando  entre algarrobos y zarzas mientras perseguía avispas y culebras, desde donde iba andando al colegio ¿Colegio? Mi colegio eran unos locales repartidos por el barrio, ya que no cabíamos en el colegio público.

Acabada la EGB mi padre decidió apuntarme en el Seminari Menor, no con la esperanza que me hiciera cura (como alguno de mis compañeros) pero al menos pensaba que la disciplina religiosa “enderezaría” a su hijo rebelde… Fue todo lo contrario.

Fue en aquella época cuando empecé a escribir mis primeros relatos, de los que no conservo ninguno, sólo el recuerdo.

Haciendo la miliUna vez dejé los estudios fui a cumplir el servicio militar a Monzalbarba (Zaragoza), allí sólo aprendí a escaquearme, hacer el vago, emborracharme y drogarme, supongo que en España eso es lo que se considera “hacerse un hombre”. También aprendí lo que significa “fascismo” realmente (¡No! He usado un adverbio acabado en mente, ahora el espíritu de Stephen King me perseguirá por las noches) supe cual es la verdadera cara del “fascismo”.

El fin de semana de licenciarme hice las maletas y me fui de casa a vivir con mi novia. No tardé en tener mi vida organizada, incluso podría decir que cumplí todos mis sueños: Era un trabajador autónomo de la construcción que se ganaba muy bien la vida, tenía esposa, dos hijos, una casa con jardín, dos perros, etc. No era feliz, aunque no tenía tiempo de darme cuenta, estaba demasiado ocupado. Como si un dios me ayudara para conseguir mis sueños y otro hiciera lo posible por fastidiarme.

Hasta que la burbuja inmobiliaria explotó y todo cayó como un castillo de naipes. Si bien, antes explotó mi matrimonio. Mi esposa encontró a otro y un día me dijo:

–“¡Ya no te quiero! Haz las maletas y vete.”

Nunca le he dado las gracias por el favor que me hizo.  Pues yo nunca hubiera sido que capaz de dejar así a mi mujer y sobre todo, a mis hijos. De esta manera no tuve más remedio.

Así abandoné mi vida, no sé como llegué hasta la isla Ogígia donde la ninfa Calipso me retuvo  hasta que se hartó de mí y me echó de su lado, entonces continué mi viaje.

Desde entonces alterno trabajos precarios con temporadas en el paro. Maquinista, montador, repartidor… También soy activista de la PAH con los que colaboro desde hace tiempo, presentador de radio  y por supuesto: Escritor.

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