Una hoja en blanco
Lo primero es tener una historia que valga la pena ser contada, nunca hagáis un relato con el título “Un día cualquiera”. Una vez leí un relato con ese título cuando estaba en la Escuela de escritores . El relato explicaba la aburrida noche de un vigilante de seguridad dando vueltas por un centro comercial oscuro y vacío.
Reconozco que lo leí con la esperanza que el título fuera irónico, que entraran a robar unos ladrones que se dispararan, que después de conseguir abatir a uno de ellos descubriera que era su amigo de la infancia o su cuñado, el hermano de su mujer que había estado en prisión, hasta el último párrafo tuve la esperanza pero no, la historia acabó tan aburrida como empezó.

La trama ha de ser interesante para el lector, le debe “aportar algo” tanto si es un relato corto como si es una novela de 800 páginas, cuando acabe de leerla, le tiene que quedar un buen sabor de boca y debe aportarle “una lección”, una experiencia, algo.
Tenemos que pensar que el lector va a invertir su tiempo leer lo que nosotros hemos escrito. Sería muy triste que al acabar la lectura piense que ha perdido el tiempo, que no ha servido de nada perder un rato de su vida leyendo vuestra novela

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